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«Este tímpano, que tuvo que pertenecer a una portada de reducidas
dimensiones, pues su máxima longitud, o sea la del dintel no llega a los dos
metros, constituye una representación de la conocida teofanía del
Apocalipsis (principalmente en su capítulo IV, 4-8), interpretada como
visión de la Majestad de Cristo, sentado en su trono y rodeado del
Tetramorfos, o sean, cuatro animales en que se simboliza a los cuatro
Evangelistas. La representación de Santurce tiene un marcado carácter del
principio de la Baja Edad Media, aunque la obra se labrase después, lo que
quisiéramos poder discernir. Destaca sobre todo artísticamente la
deformación expresionista con que está tratado el asunto, especialmente en
la Figura del llamado Pantocrator, encaramado más bien que sentado sobre el
enorme trono del que dice también el señor Gaya Nuño que «verosímilmente es
representación de una ciudad, como en algún ejemplo oriental» y a nosotros
nos recuerda una del Beato de Madrid y otra del tímpano de La Lande de
Cubzac, aunque en ambas los arcos que aquí indican tal carácter de ciudad,
no son de medio punto sino de herradura. La exagerada dimensión de la
cabeza, pies y manos de tal figura, resulta sobre todo expresiva en la mano
derecha que bendice, con lo que la intencionalidad amorosa y profiláctica se
ostentaba magníficamente en la portada de la iglesia. No es fácil citar otro
ejemplo tan acentuado de tales deformaciones como el de Santurce, pero la de
la mano desmesurada bendiciendo la encontramos hacia el año 1000 en el Beato
de Gerona; en el libro del Apocalipsis de Bamberg, donde todavía ostenta en
la mano izquierda un rollo en vez del libro de forma más moderna; en el
dintel de la iglesia de Saint Genis les Font (Rosellon), de 1020, donde ya
muestra el tal libro en la mano correspondiente, igual que en las fachadas
de Ripoll y Sahagún; en el Libro de los Testamentos de la Catedral de
Oviedo; y también otro Señor con ambas manos grandes, en la diferente escena
apocalíptica representada en el mencionado tímpano de La Lande de Cubrac. El
siglo XII representa, en cambio, con la aparición de un nuevo humanismo, el
apogeo de la escultura antropomorfa y más equilibrada. En él los grandes
tímpanos de Moissac, San Trófimo de Arlés y el de la Puerta Real de Chartres,
nos muestran el Cristo en Majestad rodeado del Tetramorfos, con un mayor
naturalismo en todas las figuras: así son también las de los esmaltes
limosines y la del llamado frontal de Silos, hoy en el Museo de Burgos. Y
para hallar figuraciones de los cuatro animales apocalípticos tan deformadas
y esquematizadas como las de Santurce, que en nada se parecen por tales
motivos a las del Tetramorfos de Armentia (Alava), tendríamos que llegar
acaso a las del tímpano de la catedral de Lund (Suecia), obra de escuela
renana y construida ya en la primera mitad del siglo XII. ¿Hemos por todo
esto de decidir que el tímpano de Santurce pertenece a los tiempos de
formación del románico? Pudiera tal antigüedad apoyarse también en el dato
histórico de la escritura que en 1054 hace el obispo Munio (de Armentia
según algunos historiadores y de Valpuesta según Balparda), permutando con
el abad de Oña que le daba el monasterio de San Torcuato, el «monasterium
Sancti Georgis, quod est in insula maris, in Summo rostro cum suis decanüs
et cum suis parrochiis et cum omnibus pertinenciis suis», por lo que está
clara la existencia anterior de un edificio religioso en el mismo lugar y
con la misma advocación de San Jorge, de la que no es sino forma
especialmente fonetizada la de Santurce. Alude también el señor Gaya a este
documento, pero después a otro de 1249 en el que, según la transcripción que
conocemos del señor Balparda, se trata de la adquisición por el Señor de
Vizcaya, don Diego López de Haro, del que allí se llama «monasterio de Somo
Rostro»; y el señor Gaya dice que a esta iglesia existente en 1259 y no a la
que había en 1075 debía de pertenecer el tímpano que nos ocupa. Explica la
aparente contradicción entre esta época y la rudeza de dicha escultura,
atribuyéndola a «idéntica basta formación rural que otros tímpanos
semejantes gallegos y portugueses» y dice que «bastaría para colocar el
tímpano en las más avanzadas fechas del siglo XII» la decoración de lo que
llama «el trasdós de la arquivolta, más fina y cuidada que las figuras...,
trasunto degenerado de temas ricos del románico alavés». Efectivamente, esa
decoración de cintas perladas que serpean entre follaje en todo el arco
superior del tímpano de Santurce y que hoy se halla más destacada y limpia
que cuando obtuve la fotografía, puedo comprobar que es análoga a la de una
imposta situada en el pórtico de Armentia, debajo del grupo del Apostolado,
el cual es notable también por la desproporción de dimensiones entre la
figura de Cristo y las demás, aunque la talla sea más elegante que en las de
Santurce; igualmente la imposta sobre los capiteles y la Anunciación de la
portada de Estibaliz y más aún su archivolta central, son semejantes a
aquella decoración; como también lo es muchísimo la de algunas archivoltas
de las ventanas absidales de Lasane, también en Alava. La diferencia entre
estos ejemplos de Alava y el de Santurce reside sobre todo en el mayor
relieve de los primeros, por lo que estoy de acuerdo con el señor Gaya en
que han debido preceder a la orla de Santurce. Pero pudiera pensarse hasta
que esa decoración, que no debe por tanto de ser anterior a los finales del
siglo XII, haya sido hecha en tal reborde del tímpano de Santurce más de un
siglo después de haber sido talladas sus figuras; o, por lo menos el modelo
de éstas tuvo que preceder en mucho a la época últimamente mencionada y su
reproducción constituir una singularidad, aun dentro del espíritu
tradicional y arcaizante que encontramos en las manifestaciones estéticas
vascas, como en la principal de ellas, la de su lengua. La Hagiografía de
San Jorge, confusa en su aspecto histórico, dió por lo mismo pretexto para
una abundante vegetación literaria y artística. Tanto el San Jorge que hoy
se cree histórico como el legendario, se asientan entre los siglos III y IV:
su nacimiento y martirio se colocan entre la Alejandría egipcia, Palestina y
la Capadocia de Asia Menor. Su culto se extiende por todos estos países,
dándose desde el siglo VI en Palestina y Siria y teniendo su centro
principal en Lydda, hacia el centro de un triángulo en el que se coloca la
escena de su combate con el dragón y cuyo lado mayor es la orilla del
Mediterráneo al norte y sur de Jaffa. Anotemos la semejanza de tal escena
con las representaciones del caballero sasánida, las de los tegidos coptos y
del combate de Horus. Como también en la trasmisión de la leyenda de San
Jorge he de consignar que de modo parecido al que he hecho notar al tratar
del culto de San Miguel y del de San Nicolás, cuyos primeros Santuarios
orientales repercuten en Occidente y primeramente en Italia, es también en
Italia, en Spoleto, donde se forja un San Jorge italiano que sustituye a San
Gregorio de Spoleto, dándose a aquél su fiesta en 23 de abril. Tenemos ya
con ello a las vías marítimas como trasmisoras de una leyenda, en la que el
aspecto guerrero hace que Ricardo I de Inglaterra -por cuyo país se suponía
había viajado San Jorge enviado por Diocleciano y dado el nombre de Canal de
San Jorge a la parte sur del Mar de Irlanda-, lo convierta en protector de
sus ejércitos en la Cruzada. Como Pedro II de Aragón, agradecido a la
intervención de su espada en las batallas da a San Jorge el castillo de
Alfama cerca de Tortosa y funda una orden militar de San Jorge, semejante a
otra que se estableció en Baviera. Y Jaime el Conquistador lucha también
bajo su amparo. Con lo que la leyenda llega en el siglo XIII al punto álgido
de su concreción en la Legenda Aurea. En este ambiente se encuentran la
fundación de la iglesia de Santurce, que ya estaba hecha según sabemos en el
siglo XI, y la labra de nuestro tímpano que halla obstáculo para ser situada
en la misma centuria, pero no en las corrientes anglosajonas que fácilmente
podían venir por la vía del mar. Es tal ambiente el de las peregrinaciones,
que antes de ahora hemos señalado cómo se hacían por vía marítima y por la
costa, tanto más en los primeros siglos de la de Santiago en que el paso por
el interior hallaba tropiezos en los infieles. Respecto a las rotas del mar,
tenemos publicadas noticias de cómo de los países del norte de Europa y
particularmente de la Gran Bretaña llegaron a venir verdaderas escuadras de
navíos; de que muchos peregrinos ingleses desembarcaban y algunos volvían a
embarcar en la región de Burdeos; de que desde Bayona y el Bidasoa partían
barcos para todos los puertos del litoral cantábrico hasta Galicia. Y así
también de peregrinos desembarcados en los puertos de Guipúzcoa y Vizcaya.
Advocaciones como la de San Miguel, de las más antiguas y difundidas también
por el interior, pero de las que San Miguel de Arrechioaga, existente ya
hacia el siglo XII, cerca de Marquina, muestra hasta documentalmente su
dependencia del centro de peregrinación de Monte Gargano: como San Miguel de
Ereñozar o Ereñozarre (sobre la Ría de Guernica), por sus leyendas sobre
peregrinaciones de los muertos, ligada con otras de la peregrinación a
Santiago; la advocación de San Juan Bautista, de tanta divulgación como la
anterior, pero que en Gastelugache se repite con la tradición de haber
llegado allí sobre las olas la cabeza del Bautista, lo mismo que al
Monasterio de Saint Jean d'Angely, visitado ya por los peregrinos en el
siglo XII; y otras advocaciones que tengo señaladas como características de
las vías, de peregrinación y así, aparte de las de Santiago, las de San
Pelayo, Santa Marioa y San Nicolás, como pudiéramos añadir las de San Telmo
y San Mamés y entre aquéllas he mencionado también siempre la de San Jorge;
son confirmación, al hallarse en varias iglesias y ermitas y dando nombre a
lugares cercanos a las costas vascas o sobre el mismo mar, de dicha tesis
del camino del litoral y de las influencias ejercidas por las
peregrinaciones en los puntos de su desembarco. A esta última clase de
influencias creemos pertenecen la iglesia y el tímpano de Santurce. Su
situación junto al mar y a la entrada de la ría que siempre debió de tener
mucha importancia para la navegación, coinciden con el hecho de que ni en
todas las iglesias de la diócesis de Bayona, ni en las de Guipúzcoa y
Vizcaya por donde pasaban los caminos terrestres del litoral, existe otra
alguna con la advocación de San Jorge, por lo que ésta debió de venir por
vía marítima.»
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